El Día Mundial de la Propiedad Intelectual e Industrial entra en sus felices años 20

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Principios de 1999.
Sede del Instituto Nacional Argelino para la Propiedad Industrial (INAPI).
Argel (Argelia).

Ya habían pasado cerca de seis meses desde la asamblea que había reunido a todos los estados miembros el septiembre anterior, pero Amor Bouhnik, Director del Instituto Nacional Argelino para la Propiedad Industrial, continuaba sin poder quitarse aquella idea de la cabeza. Estaba plenamente convencido que el sector necesitaba contar con un elemento institucional y diferenciador. Un referente para propios y extraños del mundo de la PI. A su juicio, era esencial constituir un marco que otorgara más accesibilidad a la promoción de la innovación que, al mismo tiempo, sirviese como punto de encuentro y celebración de los logros alcanzados por inventores de todo el mundo. El 7 de abril de 1999 plasmó por escrito su propuesta para establecer un día internacional de la Propiedad Intelectual e Industrial y se la hizo llegar a Kamil Idris, Director de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI, WIPO en inglés) en aquellos años, para su consideración.

El testigo de la iniciativa no tardó en ser recogido por Jiang Ying, miembro de la delegación china de la OMPI, quien pocos meses después, en agosto, elaboró su propia misiva. Idris volvió a ser el receptor. La aportación no solo respaldaba el punto de vista de Amor Bouhnik sino que, además, ampliaba el radio de acción de la idea inicial del argelino al abogar por la protección y la ampliación de la influencia de la Propiedad Intelectual e Industrial a nivel mundial. Para que la receta fuese efectiva al cien por cien, Ying dedicó unas líneas a todos los países implicados, a modo de directrices, con las que los animaba a hacer más hincapié en la publicidad y popularización de mecanismos dirigidos a la salvaguardia de las invenciones, así como en la creación de regulaciones y leyes PI. La carta resaltaba la importancia de seguir al pie de la letra los pasos señalados. Solo así, los países miembros conseguirían afianzar los cimientos de una nueva era para el sector. Una nueva era que incrementase la concienciación pública en relación a los derechos PI, incentivase la invención y la innovación y reforzase el intercambio de conocimientos relacionados con la Propiedad Intelectual e Industrial entre países.

Los mensajes calaron en Kamil Idris y, por ende, en el seno de la OMPI, que dio luz verde a la idea en su Asamblea General de octubre de 1999. El milenio se cerró con la aprobación del Día Mundial de la Propiedad Intelectual e Industrial.

Para consensuar el lugar destacado que debería ocupar en el calendario, los implicados recurrieron a los archivos de la organización hasta dar con la fecha idónea…  

 

14 de julio de 1967.
Salones del Parlamento Sueco.
Estocolmo (Suecia).

En las cabezas de todos los presentes reinó, al fin, la paz. Casi les resultaba increíble, pero era cierto. Se había conseguido un acuerdo. La rúbrica había puesto fin a cinco semanas de tediosos debates y negociaciones y numerosos paseos por los pasillos del Parlamento Sueco.

El tratado multilateral se perfiló como heredero del papel de las BIRPI (United International Bureaux for the Protection of Intellectual Property), que, desde 1893, habían administrado las resoluciones adoptadas en los Convenios de París (1883) y Berna (1886).

Sin embargo, sus influencias iban más allá. El esfuerzo de todos aquellos especialistas había conseguido aglutinar en los apartados y cláusulas de reciente creación las normativas y regulaciones recogidas previamente en otros manifiestos públicos correspondientes a eventos y/u organizaciones como la IFLA (Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias), de 1927; la Convención de Roma sobre la Protección de los Artistas, Intérpretes o Ejecutantes, Productores de Fonogramas y Organismos de Radiodifusión, de 1928; o el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, de 1966. De este último (que en sí mismo no es más que una versión matizada del Art.27.2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos), se tomó en gran consideración el contenido de su Art.15, el cual expone que:

“toda persona tiene derecho a beneficiarse de la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de las que sea autora”

A partir de todas esas referencias de peso, se añadieron importantes novedades, como otorgar a los Estados miembros un control absoluto sobre las gestiones y procedimientos PI. Otro hecho a resaltar es la apertura al plurilingüismo por parte de la organización, al estandarizar el uso de los idiomas español y ruso en la elaboración de toda documentación, equiparándolos, así, al uso del francés y el inglés.

La OMPI había nacido. Entró en vigor el 26 de abril de 1970. Pocos imaginaron entonces, cuán progresista y fiel al avance de los tiempos (y, en especial, de la tecnología) sería. Ni las acciones corporativas que se derivarían de ella…

 

Finales de 1999.
Sede de la OMPI.
Ginebra (Suiza).

Dada la relevancia y simbolismo del precedente histórico, la maniobra de internacionalización había encontrado la fecha perfecta. De hecho, resultaba prácticamente una obligación proclamar el 26 de abril Día Mundial de la Propiedad Intelectual e Industrial. La cita del año 2000 se convertiría en la primera conmemoración a escala global “del impacto que patentes, marcas y diseños tienen en nuestra vida diaria y la obligación de celebrar la creatividad y contribución que inventores y creadores realizan para el desarrollo de todas las sociedades de nuestro planeta”, como se señaló desde la OMPI.

A partir del 2001, se le agregó un aliciente a la celebración. A cada jornada se le asignó una temática para aumentar la visibilidad de la causa y hacerla más atractiva al público masivo. Por ello, el mundo PI exhibió su estrecha relación con otros sectores como el del cine (2014), la música (2015) o el deporte (2019). Esta última edición, en España, contó con la colaboración de instituciones como el Consejo Superior de Deportes, el Instituto Autor o el Ministerio de Cultura.

Para este 2020, la campaña se ha diseñado con fines eco-friendly y promociona el slogan “innovar para un futuro verde”. Un claro intento de concienciar sobre la necesidad de crear e inventar de forma sostenible y respetando la Tierra en estos tiempos tan marcados por el cambio climático. Debido a la pandemia del coronavirus, la OMPI se ha visto obligada a cancelar toda la programación de eventos y actividades previstas en todos sus países miembros y que incluían desde conciertos, seminarios gratis o competiciones universitarias hasta exhibiciones en museos y escuelas. Para compensar el contratiempo provocado por la crisis sanitaria, la organización ha confeccionado una serie de propuestas para que todas las personas interesadas se sumen a la conmemoración de forma virtual.

El Día Mundial de la Propiedad Intelectual e Industrial da la bienvenida a una nueva década haciendo gala de vitalidad y poder de convocatoria. Prueba de su buen estado son la gran acogida e influencia que consigue año tras año. Posiblemente no podría haberlo logrado sin la cincuentona OMPI (que también está de cumpleaños ) cubriéndole las espaldas, pero, en cualquier caso, es innegable que algo debe tener este día cuando hasta sus detractores lo tienen marcado en el calendario.


¡Feliz Día Mundial de la Propiedad Intelectual e Industrial!

 

Jorge Domínguez
Business Development Assistant - ABG-IP
Jorge se incorporó a ABG Intellectual Property en 2019. Su experiencia laboral ha estado siempre ligada a la creación de contenidos, tanto en medios como en agencias de comunicación. Además, cuenta con una trayectoria como autor literario y musical. Es autor de las novelas, “Los Chicos del Parque” (2017) y “Condenados a Entenderse” (2019), y ha lanzado su primer álbum, “Domine”, en 2020.
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